Quien crea que el mundo del fútbol y las finanzas no actúan en el mismo ámbito, sólo tiene que seguir todo lo que el fichaje de Neymar por el PSG ha revuelto y devuelto en el debate de cuál es el límite en el mercado de fichajes. Por ello, como fiel seguidor de ambas disciplinas, me gustaría reflexionar sobre qué aprender y qué obviar del mundo del fútbol a la hora de manejar nuestro dinero o que lo manejen otros.

El caso Neymar: pros, contras y consecuencias de la revolución futbolística del mercado de verano Europeo

El drama que el caso Neymar ha producido a los culés no sólo les afecta negativamente a ellos (o positivamente si vemos cómo han quedado las cuentas del club), sino que ha revolucionado y puesto nuevamente sobre la mesa un debate que llevaba silenciado los últimos meses: ¿cuál debe ser el límite en el mercado de fichajes?, ¿es “ético” pagar por un jugador la friolera de 220 millones?, ¿es factible?, ¿dónde está la rentabilidad de la operación?, ¿es una acción perfectamente meditada o ha sido una total “ida de cabeza” de directivos con sed de acaparar portadas?

La respuesta a todas estas cuestiones más que interesantes a mi parecer (y que superan el ámbito plenamente futbolístico) deben darse desde dos perspectivas totalmente diferentes: la deportiva y la económica. Comenzaré con la más interesante (y controvertida) en este sentido.

Perspectiva económica del fichaje de Neymar

Para quienes hayan pasado este verano en un búnker de la Siberia y no se haya enterado aún de lo que hablo, el PSG ha “arrebatado” al Barça el jugador Neymar Junior por la escandalosa cifra de 222 millones, por lo que a nivel económico, lo que cabe discutir es si tal cifra es justificable y, sobre todo, rentable.

¿Cómo se mide la rentabilidad en el fútbol? Ojalá fuera mediante goles, lo cual para un romántico seguidor como yo de este noble espectáculo significaría eximirlo de todo el circo mediático que se forma a su alrededor. Pero la, no tan triste realidad, es que el fútbol es mucho más que goles, tanto como para poder ser incluido como uno de los cimientos del PIB de todo un país. En lo personal me quedo con la frase del dueño del PSG: “Neymar es barato” (o es gratis), no recuerdo muy bien, pero el significado es el mismo. Analicemos porque:

La rentabilidad de un jugador se mide en cómo una acción concreta puede acaparar titulares, llegar a todos los medios e, indirectamente a todos los inversores que mueven la rueda que hace posible que cada domingo más de 50.000 seguidores se reúnan en un estadio y millones lo sigan por televisión, contrato exclusivo de emisión mediante.

De ahí que para comenzar, la cifra de la cláusula de rescisión de Neymar Jr. parezca diseñada por un equipo de marketing para acaparar los titulares de la prensa deportiva (222 millones, ni 220 ni 230, 2-2-2), y de ahí que el brasileño no haya caído en cualquier club, sino en el PSG, emblema de una ciudad poderosa como lo es París y donde la entidad tiene a su disposición lluvia de petrodólares en forma de los jeques que rodean a sus inversores.

Arrebatar al FC Barcelona al tercer mejor jugador del mundo y, no nos debemos olvidar, el más joven de ellos y con más posibilidades de generar ingresos en el futuro (Cristiano y Messi superan la treintena, Neymar sólo suma 25), ha sido una operación meditada, consensuada por muchas más partes de las que podemos llegar a imaginar, y viendo la gran cantidad de patrocinadores e inversores que forman el núcleo duro del Sant Germain, me atrevería a decir que ha salido hasta barato y mucho más favorable por la parte del PSG que por la del Barça, cuya millonada sólo le servirá para aliviar parte de la deuda contraída por el Espai Barça y para traer algún que otro jugador joven con la intención de que despunte y sea capaz de generar algo de esos millones que mueve Neymar.

Es decir, PSG ha apostado (mucho) por el caballo ganador y ya está sacando rédito de ello desde el minuto cero. El Barça ha perdido uno de sus mejores “jamelgos” y hace apuestas ciegas por potrillos que a saber cómo le saldrán (duele ver cómo se está llevando hasta este momento la política de fichajes de Bertomeu, que esperemos sepa lo que hace y no dinamite las grandes posibilidades que 222 millones en la cuenta permite).

Desde el punto de vista del hincha de futbol que consume el partido, y no el circo que hay alrededor, es poco creíble que un jugador llegue a costar esa cantidad de dinero; pero desde el punto de vista del club de futbol – empresa, es un negocio redondo que como dijo el presidente del PSG, se paga solo. El merchandising, los contratos televisivos, las cesiones de imagen de Neymar, los accionistas del PSG, es solo parte del movimiento comercial que genera una movida como esta. Recuerdo lo que decía de la llegada de Beckham al Madrid: “solo con la venta de las camisetas ya se paga el pase”. Eso para que veamos la dimensión desproporcionada (a mi humilde entender), que ha tomado el futbol en Europa.

Hasta aquí un análisis resumido de la viabilidad y los aciertos de la perspectiva económica del fichaje de Neymar desde el ámbito exclusivamente económico. Ahora entraremos en el ámbito deportivo y lo que este “tsunami de acento francés” ha conllevado.

Perspectiva deportiva del fichaje de Neymar

Este título tiene trampa, ya que como veremos resulta casi imposible desvincular el ámbito económico…

Y es que el ámbito económico fascina porque precisamente, lo abarca todo y cualquier movimiento de los mercados tiene consecuencias más allá de donde se produzca. A saber: se habla de inflación, de burbuja inmobiliaria, de precios de la vivienda excesivamente inflados y que rompen con toda regla y sentido común… ¿iba a ser el fútbol, tan presente en nuestro día a día, ajeno a este fenómeno?

Eso mismo que ocurre precisamente con la vivienda en Barcelona por seguir un ámbito local al de la noticia que analizo, ocurre con sus jugadores: ¿es real el precio de mercado de Neymar?, ¿genera un jugador con su actividad estrictamente deportiva (desarrollo deportivo como jugador) 222 millones de rentabilidad? La respuesta es no.

Una liga, una champions, un “triplete”…. ninguno de estos logros sumados vale 222 millones por sí solos, ni son generados ni mucho menos por un único jugador, sino que son generados por el patrocinio de Nike, Qatar, Fly Emirates, por los derechos de emisión de los partidos a cargo de Movistar, etc.

Por lo tanto, al no justificarse el valor de un jugador por sus méritos futbolísticos por sí solos, hablamos claramente de inflación de precios y lo que es peor y está generando tan necesario debate actualmente en la esfera deportiva: romper las reglas del juego.

Que el PSG se pueda permitir casi sin despeinarse, la compra de un solo jugador por 222 millones (millones que recordemos, han sido generados por inversores, no por logros deportivos), pone en una difícil disyuntiva al resto de equipos, unos más humildes que otros, que se ven obligados a cuanto menos igualar estos desorbitados precios para contar en nómina con las mejores estrellas del mundo entre su plantilla.

No hablamos de equipos como el Betis, Rayo Vallecano o Getafe, a quienes estos números ya le quedaron lejos hace tiempo y se ven obligados a tirar de cantera para conseguir un once competitivo, sino de equipos como el Manchester United o el Bayern de Munich, que cuentan con presupuestos igualmente millonarios pero que, a diferencia del Sant Germain, no disponen de toda una cartera de inversores que le abran el grifo cuando se les sequen las cuentas.

¿Tanto desestabiliza el mercado que el PSG pague 222 millones por un jugador? Las consecuencias no son únicamente cuestión de que los equipos tengan que hacer números con mayor atino. Que el Bayern, con un presupuesto cercano a los 400 millones, destine más de la mitad a un único jugador le supone que deba redoblar esfuerzos para conseguir los logros deportivos necesarios que cubran el gasto, obligar a que sus inversores aumenten lo que destinan al club y buscar aún más cuentas que estén dispuestas a respaldar este tipo de decisiones sin ser cuestionada su viabilidad de entrada.

Un solo fallo en alguno de estos pasos (como por ejemplo no ganar la Bundesliga tras el despilfarro) puede suponer números rojos y reducir notablemente el gasto para la siguiente temporada y con ello la calidad de la plantilla, algo que deja en una situación muy inestable y comprometida a un club grande, imaginaros los pequeños…

De aquí el debate generado y la necesidad de éste: se está perdiendo todo control y todo “romanticismo” en torno al fútbol… En definitiva todo por lo que hay que “pinchar” cuanto antes esta burbuja si no queremos que nuestras grandes ligas se acaben pareciendo a las pantallas de Wall Street.

Además, tenemos dos temas de los cuales no vamos a entrar a analizar, pero en el mundo de hoy en día ya no sorprenden; como el famoso Fair Play financiero (¿donde esta? ¿Que paso? No se habló del mismo… nadie se ha quejado…  Era legal entonces comprar a un jugador solo por esa suma? ¿Dónde está límite de esta cláusula? (es todo “joda” entonces). Segundo, como hombre de las finanzas no puedo evitar preguntarme de donde salen los 222 millones, porque circula por ahí un cheque del Qatar National Bank, entonces yo me pregunto inevitablemente de donde sale ese dinero. Qatar está en un bloqueo de 6 países del Golfo Pérsico por financiación del terrorismo; pero a la FIFA nada de eso le importa mientras haya petrodólares. Oh casualidad, el dinero para este pase de escandalosa cifra por un jugador de futbol, sale de allí. Y la frutilla de la torta es que el Barca había cambiado el Sponsor de Qatar Airways a Rakuten.

¿Qué aprender de todo esto en el ámbito de la inversión financiera?

Vuelvo a recuperar el título y el sentido de este artículo a modo de conclusión: ¿qué lección podemos sacar del caso Neymar aplicable al mundo de la inversión financiera? Fácil:

Si quieres ser un “tiburón”, si quieres ganar y ganar con tus inversiones no seas como el Barça y vayas a medias o a “probar” a ver que tal: sé el París Sant Germain, que en determinada posición ganadora cierto nivel, apuesta por un salto a la grandeza. No te guíes únicamente por tu olfato, sino por evidencias. El PSG ha tenido que esperar para hacer esta jugada, porque dinero no les ha faltado en años anteriores, pero han esperado para dar el golpe y se llevaron a los 2 jugadores con más potencial del planeta. No se volvieron locos, no compraron para luego malvender como otros clubes, esperaron su turno, movieron las fichas, y dejaron al mundo mirando a Paris en vez de a Madrid, Barcelona, Munich o Manchester.

¿Y yo que haría? Yo simplemente soy de Nacional 🙂 que puedo opinar de Neymar???

 

Qué podemos aprender del mundo del fútbol en finanzas: el caso Neymar
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