Diciembre es un mes tradicionalmente aprovechado para hacer balance de todo el año y tomar nota de hacia dónde se dirigen y, lo que resulta más interesante, hacia dónde dirigir los siguientes pasos que nos lleven al éxito económico en el próximo ejercicio.

Todos estos informes a nivel tanto personal como de empresa, actúan en su gran mayoría según previsiones macro, por lo que veo interesante que, vayamos a hacer o no como empresarios estos balances, se haga  repaso de a nivel económico y con carácter mundial cuáles son las perspectivas de este ya inminente 2018.

2018: ¿un aniversario que queda ya lejano?

 

El próximo año se cumplirá una década de la mayor crisis económica mundial vivida en los últimos años: la Gran Recesión.

En 2008 es cuando se fechó el inicio de una crisis financiera feroz, que trajo consigo la caída de mercados financieros por entero, una pérdida de liquidez notable y en definitiva todo un “tsunami” que acabó devorando a todo aquel que permaneció inmóvil sin medidas para afrontar tan magno chaparrón.

Diez años después no nos queda tan lejano el recuerdo de la crisis debido a que aún pesan las políticas de recortes que se tuvieron que implementar para salvar las economías de los países y que dejó pérdidas en el nivel adquisitivo y en el bienestar social. Un recuerdo que se sigue nombrando con cierto miedo a la hora de emprender proyectos que puedan conllevar cierto riesgo, pero totalmente olvidada en sectores donde no debiera caer tan en el olvido.

Es el caso por ejemplo del socorrido sector de la construcción, donde en países como España se está volviendo a acudir a él como salvaguarda del PIB nacional sin recordar que fue la burbuja inmobiliaria lo que lo inició todo.

 

El año de la recuperación, el año del riesgo

 

Precisamente desde que en el 2014 aproximadamente se diera por finalizada la Gran Recesión (no me atrevo a dar como acabada la crisis en global puesto que aún coletea en algunos sectores), se esperó con optimismo a que cada ejercicio acabara en números verdes. Y ahora que por tercera vez nos encontramos con este color en los balances finales, es cuando comenzamos a creernos que la economía mundial ya está recuperada.

Este optimismo trae consigo una mayor predisposición a arriesgar. Algo que no tiene por qué ser del todo malo siempre que, tal como ocurre con las carteras de inversión, se diversifique.

Así, lo que se debe evitar es que tal como ocurrió con la burbuja inmobiliaria, no se invierta en un “todo o nada”, pero sí resulta positivo que se vayan abriendo canales de inversión diferentes que consigan hacer despegar sectores marginados hasta ahora o por descubrir.

 

No obstante… el mismo discurso de siempre

 

Pese a esa mayor predisposición a arriesgar, atendiendo a los datos que nunca mienten, los números que se barajan desde Agencias de Calificación, instituciones como el Banco Mundial, ONU o el FMI, traen optimismo pero no aires de cambio.

Así, las primeras previsiones oficiales de 2018 anuncian un crecimiento de la economía mundial con una expansión promedio de 3,1% (la mayor tasa desde el 2010), aunque supeditadas a factores tradicionales en estos campos como lo son el auge de la vivienda en China, la construcción en Rusia, y la estabilidad en el precio de materias primas en mercados emergentes como Brasil.

Por otra parte, ¿qué puede hacer “tumbar” tan interesantes perspectivas económicas? Son tres los focos puestos por las grandes instituciones económicas respecto a lo que pueda hacer peligrar el crecimiento económico emprendido: el futuro del Tratado de Libre Comercio (TLC), las elecciones italianas y el temor a un enfrentamiento militar en la península de Corea.

Nuevamente factores geopolíticos todos ellos que, tal como hemos podido ver en el caso Cataluña-España, son capaces de cambiar la tendencia alcista por la desestabilidad. A este último respecto el conflicto catalán ha dejado rezagado ante los grandes números de otras potencias, pero no en números rojos el balance económico español.

 

Consejos para aprovechar estas perspectivas

 

Tal como hemos visto, las previsiones para 2018 respecto a la economía mundial son bastante esperanzadoras y deben reflejar un buen escenario para la economía a niveles micro.

Ya tuve la ocasión de adelantar que a nivel macro es buena oportunidad para la diversificación y buscar nuevos mercados, algo fácilmente extrapolable con una inversión diversificada en la que se combine la inversión en valores tradicionales o materias primas de las que se prevea un buen rendimiento como el crudo, con valores variables que contemplen cierto riesgo.

Eso sí, siempre caminando sobre seguro e informado, evitando especulaciones sin fundamento y con la mayor asesoría posible. ¿Incluye estos consejos la inversión en Bitcoin? No seré yo quien lo recomiende fervientemente si no se está totalmente seguro de ello, puesto que es el mismo argumento usado en los años pre-crisis para invertir en vivienda y construcción, pero sí que conviene hacerle seguimiento, estudiar su evolución y quien sabe, si así lo vemos conveniente, incluirlo en nuestra cartera como parte de ese factor riesgo que sí que recomiendo.

 

¿Qué nos depara la economía mundial en 2018?
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