Quien más y quien menos, sobre todo a la hora de comenzar a invertir, hemos acudido a los “gurús” de la inversión para seguir sus enseñanzas y tomar de ellos lo que consideremos más importante para nuestra estrategia.

Así, personajes como Warren Buffett, Bill Gross, George Soros, Iván Martín, Francisco García Paramés y un más que largo etcétera, se cuelan o incluso dominan las inversiones de más de un perdido en el mundo bróker.

Una muletilla, no lo vamos a negar, no viene mal de vez en cuanto, y ya puestos a copiar estrategias, sin duda mucho mejor hacerlo de auténticas autoridades. Si mañana mismo tuviera que lanzar al mercado un teléfono móvil, mis referentes en cuanto a cómo debería ser en diseño y funcionalidad, serían iPhone y Samsung sin duda alguna.

Pero esto no quita que, por mucho que copiemos a Warren Buffett, no podremos ser “el oráculo de Omaha” jamás calcando sus decisiones, y menos en un ecosistema tan cambiante como el de la inversión. Para empezar porque con toda lógica, si el señor Buffett descubre un fondo de notable interés, no lo compartirá hasta que le haya sacado el máximo rendimiento, además de quedarnos la duda de que ciertas opiniones no vengan bajo el interés personal propio del señor Buffett por hacer funcionar X instrumento (lo ejemplifico en Buffett, pero bien podría hablar de cualquier asesor cegado por los titulares que genera).

Con todo ello lo que quiero indicar es que en el mundo de la inversión, esos “ruedines” que suponen apoyarnos en una estrategia ajena, nos pueden servir para adquirir cierto conocimiento de cómo eminencias, se desenvuelven, pero la finalidad es que por nuestros propios medios podamos crear nuestras fórmulas infalibles.

No es que la meta sea convertirnos en millonarios economistas. La meta es que adaptemos nuestros hábitos a nuestra inversión, y de esta forma encontraremos la mejor regla para hacerlas funcionar.

Si crees o no tienes la suficiente confianza como para pensar que, al ser amateur, no podrás manejar tu cartera de inversión, solo debes pensar que si eres capaz de con un sueldo medio, mantener una familia, unos gastos, imprevistos, hipoteca y otros “tsunamis económicos” mes tras mes, ¿por qué no ibas a ser capaz de dominar tus fondos?

Partiendo de este concepto me gustaría desarrollar el artículo, como homenaje a todos aquellos que llegan cada 30 de mes con los deberes hechos y las cuentas saneadas a pesar de mantener gastos familiares. Estos son los auténticos gurús económicos y de quienes debemos aprender.

 

Principios de economía doméstica aplicables a una inversión inteligente 

 

La regla 50/20/30

 

Una regla muy popular a la hora de repartir los gastos e ingresos mensuales dentro de la economía doméstica es la 50/20/30, de la cual se desprende que el 50% de los ingresos mensuales se deben destinar a los gastos fijos (hipoteca, facturas, alimentación, letras de pagos, etc.), 20% al ahorro y el 30% a gastos personales (ocio o incluso a la propia inversión).

Extrapolando esta regla a la inversión, podríamos repartir estos porcentajes a la hora de diseñar una cartera diversificada “estable”, donde ese 50% del total lo destinemos a valores seguros, que dominemos (instrumentos como valores de bolsa que conozcamos en profundidad) 20% a valores refugio (oro, plata…) y el 30% a aquellos que consideremos con cierto riesgo pero que queramos probar (criptomonedas, moneda extranjera, etc.).

 

Busca una meta

 

Cuando queremos cambiar de coche por ejemplo, nos decidimos por un modelo y acorde a las necesidades o al dinero disponible, ahorramos más, nos marcamos plazos o nos arriesgamos con un préstamo si es que tenemos la necesidad de adquirirlo al momento.

En el mundo de la inversión también deberían existir estas “metas”. ¿Qué sentido tiene ganar y ganar con nuestras inversiones si no vemos el momento de materializarlas? Por ello, para ciertas inversiones deberíamos plantearnos objetivos y acordes a ellos, enriquecer nuestra estrategia.

 

Evita el sobreendeudamiento

 

Suena evidente, pero a más de uno le ocurre que acumula deudas y comienza una vorágine en la que cada vez se encuentra más endeudado. Ocurre en la economía doméstica cuando la hipoteca se encuentra por encima de nuestras posibilidades o “tiramos de tarjeta de crédito” más de la cuenta.

Esto en la inversión es claro: que no nos tengan que adelantar activos para maniobrar con comodidad, y si una inversión a la que teníamos mucha fe no funciona, no intentemos hacer piruetas o esperemos a que levante el vuelo: a otra cosa y tan contentos.

 

Presupuesta

 

La inversión tiene mucho de “olfato”, por ello puede resultarnos complicado tener milimetrado dónde colocar nuestro dinero. Pero en la línea del primer punto, donde sugiero una división similar a la fórmula 50/20/30 para diversificar, a la hora de establecer planes de inversión, presupuestar cuánto a qué, nos puede ayudar a manejar unas líneas que determinen si vamos bien o debemos modificar la estrategia.

Esto no significa que X dinero vaya a X instrumento, sino tener marcado cuánto de ese X estamos dispuestos a arriesgar como margen de pérdidas, cuánto transferir a otras inversiones… Establecer las normas de nuestro propio plan para no perderlo de vista y no sea fruto del azar. Porque invertir NO es un juego de azar.

 

 

Principios de economía doméstica aplicados a la inversión
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