Si hay algo que me encanta de Twitter no es el simple hecho de que sea una forma de mantenernos informados sin tener que acudir al sesgo de los medios tradicionales. Es el hecho de que siempre puedes encontrar perlas que te sorprenden, que te hacen meditar y reflexionar sobre cuestiones que no te planteas en el día a día.

Es el caso de este vídeo que con mucho gusto compartí en mi propio Twitter:

Se trata de una entrevista a Antonio Escohotado, pensador y ensayista según su entrada en la Wikipedia y que muy acertadamente reflexiona sobre el papel de la educación en el desarrollo de un país.

Cuando pensamos en educación, solemos pensar en partidas presupuestarias para la creación de colegios, institutos, para reformar los planes educativos, invertir en I+D+I en fases tempranas, concesión de becas y ayudas, etc. Y ciertamente se trata de todo eso… y más.

Cada vez que leo sobre una noticia en la cual se carga contra los maestros de escuela, ya sea porque se imponen muchos o pocos deberes, porque “obligan” a que los alumnos reciban ciertas materias frente a otras… Siempre me aborda el mismo pensamiento: ¿y dónde queda la labor de los padres?

Acostumbramos a ser cada vez más una sociedad que carga sobre otros la responsabilidad propia, y en el caso de la educación, comienza y acaba en los padres: en educar a sus hijos no indicándoles únicamente que deben estudiar o que deben hacer los deberes porque es mandato del profesor. No señor, es mandato del respeto: del respeto hacia una figura que procura día a día que acabes con una formación válida para hasta donde llegar. A partir de ahí se puede debatir si se lleva razón o no, pero quitarla de forma inmediata supone quitar un pilar, un referente en el que se pueda reflejar en cuanto a futuros valores.           

Una vez llega el respeto, llega cada una de las acciones que ejemplifica en su pieza el señor Escohotado: desde el gracias cuando alguien hace algo por nosotros por mínimo que sea, hasta el ceder el paso en la calle (algo de lo que deberían aprender los que usan los patinetes eléctricos desde el primer día, por ejemplo).

¿Y qué tiene que ver todo esto con la política o el devenir de un país? Tan sencillo como que cuando escucho que tal político ha hecho tal, ha robado lo cual, o se ha sacado de la manga una formación y titulación que no le pertenece, mi primer pensamiento es: ¿Qué pensaría mi padre de mi si me viera de esa forma en los medios?

Falta vergüenza política, pero también en el ámbito personal. De nada vale un político al que se le presupone bien formado en la materia (luego vemos casos en lo que a todas luces, ni a eso alcanzan), si después no le tiembla el pulso con medidas para el beneficio propio o de su grupo político, ni aun sabiendo o pensando en las consecuencias que tal acciones tiene en quienes le han elegido o legitimado para el puesto.

Con ello, no quiero ni mucho menos indicar que los padres de tal o de cual, no educaron en valores a sus hijos y, por tanto, hacerlos también culpables de sus acciones. Lo que quiero decir con ello que obviamente la inversión estatal en educación debe estar muy presente en todos los presupuestos, pero no solo para rebatir si la LOGSE es adecuada o no, si tal modelo basado en lo empírico o traernos de los países escandinavos tal técnica puede ser beneficioso, sino para que cada ámbito educacional, el cual también existe en los hogares, pueda profundizar en los valores que hacen a una sociedad su razón de ser, y si esa razón de ser es el civismo, el respeto, ya hay mucho ganado en cuanto al desarrollo y los recursos del país.