Que se vea a la inversión en criptomonedas como una especie de burbuja a punto de reventar y que se va a llevar por delante la economía mundial es precisamente culpa de la desinformación que sobre el bitcoin y sus compañeros existe a día de hoy.

Quien invierte con cabeza en criptomonedas sabe a qué se atiene, y conoce que este modelo inversor ofrece garantías y tiene en su propia naturaleza (hay mucho de ingeniería y matemática en su crecimiento y poco de azar o especulación) la propia razón por la que no puede caer y/o desaparecer de un día tras otros trágicamente como sucediera con los fondos de la banca nacional o con la sonada estafa de las hipotecas subprime.

Claro está que también existe, al igual que existen en otros instrumentos de inversión, quien invierte solo por escuchar los cantos de sirena que le prometen hacerle millonario simplemente por depositar su confianza.

Precisamente este perfil, al igual que sucedió con quienes compraron vivienda allá por los albores de 2008 bajo la promesa de que no perderían valor, es el que más daño le está haciendo a la reputación de las criptomonedas, y quienes dan razones para pensar a sus detractores (como lo es la banca tradicional) que estamos ante otro detonador de crisis económica, pero sería injusto que por la existencia de estos sujetos, todo un sector se vea desprestigiado.

Por ello, para hacerles justicia, me gustaría detallar los diferentes perfiles que existen en la inversión en criptomonedas que, por otra parte, no son absolutos y las características de unos y otros pueden ser comunes.

 

Diferentes perfiles de inversor en criptomonedas

El inversor profesional

Ya sé que hablar de inversor profesional es ser bastante generalista, pero no quisiera perder esta oportunidad de detallar el tipo de inversor preparado para entrar en el mundo de las criptomonedas sin que le suponga un alto riesgo, concepto base de cualquier inversión inteligente, sea ganadora o no.

El inversor profesional que entra a invertir en criptomonedas conoce tanto sus riesgos como sus virtudes, y por lo tanto actuará en consecuencia y minorizando los efectos de cualquier pérdida mediante la diversificación (no solo con una cartera en la que se incluyan distintos instrumentos, sino también distintas criptomonedas, que no todo empieza y acaba en el Bitcoin), así como afinando su olfato para saber en qué momento retirar o por cuánto plazo mantener la inversión.

Por otra parte, justificará la base de su inversión (así como la cantidad destinada) en premisas que la razonen, dejando la aleatoriedad para otras cuestiones vitales donde no entre en juego el dinero.

 

El inversor imprudente

 

De forma contraria, el inversor imprudente será aquel que haga su inversión de igual forma que lo haría comprando bonos de lotería, a la espera de que un golpe de suerte le haga millonario tras escuchar las increíbles historias de los visionarios que hace 8 años, invirtieron un dólar en bitcoins y ahora viven en chalets de lujo con coches de alta gama.

Lo que obvia este tipo de inversor es que esos visionarios lo fueron fijándose en un producto que nadie conocía y cuya evolución era incierta… y a un valor que no se podía calificar de operación de riesgo. Intentar reproducir ese mismo escenario con el bitcoin o con Ethereum, Litecoin y compañía es imposible en cuanto e han despejado todas las dudas sobre el rendimiento de las criptos.

Es este tipo de inversor el “culpable” de la sensación de burbuja, ya que si bien no dudan en entrar a invertir bajo estas promesas de riqueza, son los primeros en retirar la confianza y, con ello, empujando su declive, al menor signo de pérdida.

 

El inversor curioso

 

A mitad de camino entre el profesional y el imprudente encontramos el curioso, que a su vez integra otros dos subperfiles: el que prueba por probar, y el que investiga y se deja seducir por el tema.

Así, el primero de ellos se dejará llevar por las cuestiones azarosas del imprudente pero con el matiz de que destinará cantidades que no le suponga un riesgo o como prueba para una cartera diversificada.

En segundo es de un rango más interesante para quienes observamos las tendencias inversoras, ya que invierte seducido no por las promesas de riqueza, sino por la naturaleza, el funcionamiento del instrumento en sí. Se preocupa por adquirir conocimientos sobre la tecnología que desentraña y sus aplicaciones más allá de la inversión.

 

El inversor informado

 

Éste último, que bien lo podríamos haber agrupado en la subcategoría de inversor curioso, es quien se informa de cuestiones previas y no menores a la hora de invertir en criptomonedas como en qué consiste el blockchain, cuántos tipos de criptomonedas existen y qué las diferencia, cómo fluctúa el valor entre cada una de ellas, etc.

Es un prototipo de inversor profesional en cuanto sigue la premisa de informarse al detalle y hacer seguimiento continuado de a qué invierte, pero lo distingue en que realmente se deja seducir por el mundo de las criptomonedas más allá de su rentabilidad, centrando su atención casi exclusivamente en ellas.

Conoce el presente por tanto de las criptodivisas tanto como su pasado, lo cual le permite en cierta forma predecir su futuro.

A todos ellos habría que sumarles los que ya conocemos de otros instrumentos de inversión como son los perfiles conservadores, arriesgados, largoplacistas, cortoplacistas, etc., a la par que debemos insistir tal como hemos hecho, que no son excluyentes unos de otros, por lo que podemos encontrarnos perfiles informados que curiosean (sobre todo en criptomonedas de nuevo cuño), profesionales que cometen imprudencias (aunque éstas no le lleven a la ruina), etc.

En definitiva, sea o no adecuada la inversión en criptomonedas (esta conclusión la dejo a manos de cada uno), se trata de un nuevo universo que ha venido para quedarse y que aporta nuevas posibilidades y enriquece con su tecnología el mundo de la inversión.

 

Perfil del inversor en criptomonedas: ¿son todos y todas iguales?
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