No hace falta más que encender la tele, ver los periódicos o abrir los portales de internet para darnos cuenta que a día de hoy estamos mundialmente sumidos en una grave crisis migratoria y, como tal, no me gustaría ejercer como nuestros políticos y querer mirar hacia otro lado ante un problema que no es únicamente de Europa o Estados Unidos, sino también existente pero invisibilizado en otras tantas partes del planeta.

Por esta razón, quiero abordar en este artículo el primero del que será una serie de escritos sobre la migración, qué las causa pero sobre todo quienes, así como los distintos tipos de movimientos poblacionales que se han dado históricamente y que no siempre tienen un reflejo social negativo (la migración europea de principios de s. XX hacia Norteamérica fue muy bien vista por ejemplo).

Comencemos no obstante por la candente actualidad, ¿a qué problemas migratorios nos enfrentamos a día de hoy?

 

 

Problema de la inmigración: un asunto de quién grita más fuerte

 

¿Por qué precisamente a día de hoy los movimientos migratorios copan tantos titulares? No nos debemos llevar a engaños, no es que hoy haya más movimientos poblacionales que hace una década o un siglo: la inmigración existe desde que ser humano se convirtió en nómada por naturaleza, y lo que hoy es Siria, ayer lo fueron los Balcanes por citar un único ejemplo.

Por otra parte, el hombre es egocentrista por naturaleza, y tendemos a mirar atentamente a lo que ocurre en nuestras costas y fronteras obviando lo que sucede miles de kilómetros allá a menos que una fotografía digna de portada del National Geografic nos ilustre el problema.

Así, se nos llena la boca y las redes sociales arden con el conflicto en el Mediterráneo o ante los cacareos de Trump en México sin caer en la cuenta que desde hace más de medio siglo, el flujo de personas que se trasladan de Bangladesh hacia Europa es constante, que la frontera kurda en Turquía, eterna aspirante a pertenecer al selecto club de la UE, sigue efervescente y que los rohinyás que tanto nos impactaron con cómo los echaron de su territorio, siguen siendo maltratados por el gobierno “progresista” de Myammar.

Entonces, ¿por qué se habla ahora de crisis migratoria mundial como si de algo cíclico se tratase? El problema lo encontramos en los altavoces y en cómo se usan y usamos los medios que reflejan estas noticias: desde las portadas de periódicos hasta las redes sociales; desde las declaraciones de los políticos hasta los “welcome refugees”.

La salvajada que Trump está realizando en la frontera con México es exactamente la misma salvajada que todos sus antecesores han realizado. Lo único que lo diferencia es que, mientras “el bueno de Obama” disfrazaba la construcción de kilómetros y kilómetros de muro con una embaucadora sonrisa, el denostado Donald lo publicitaba con su afamada fanfarronería.

 

¿Está el auge y la crisis en la migración?

 

Obviamente, que el presidente de los Estados Unidos hable más de la cuenta no es la causa de que haya más o menos migrantes que, insisto, siempre ha existido, pero sí que trae consecuencias… Al igual que las políticas sociales y la gestión que hacen países como Italia o del este de Europa.

Las consecuencias, y esto sí que se puede calificar como crisis cíclica, es que lo que crece es el odio y los radicalismos, y con ello acciones que nunca deberían aparecer en los titulares ni en nuestras redes sociales.

Los gestos, la solidaridad, las acciones que ayuden a parar el maltrato y las malas condiciones en las que se llega de un país a otro, y sea por tierra, mar o aire, son necesarias, pero no deberían ser unilaterales como se están llevando a cabo. Que los problemas migratorios se resuelvan cada uno de forma interna y no de forma global, trae entre otras consecuencias que quienes tienen que convivir día tras día con otros problemas como el desempleo o económicos, vena con malos ojos un inexistente trato de favor hacia los migrantes.

Así, si en España se continúa con políticas populistas como las que se están llevando a cabo respecto a los barcos del Mediterráneo o en Barcelona, que comienza a sufrir sus consecuencias, corre el riesgo de que se le vuelva en su contra, y lo que a día de hoy es un “welcome refugees” en balcones y plazas, se convierta mañana en un “refugees go home” tan como ha ocurrido en la vecina Italia y sucede a diario pero en silencio en Hungría, Bulgaria, Eslovaquia o Rumanía entre otros países de la otra cara de Europa.

¿Y cómo se resuelven todos estos conflictos? Ojalá tuviera la respuesta, aunque por otra parte, por desgracia, es a las altas esferas a día de hoy a quienes le competen resolverlo, y pocos pasos dan para ello. Eso sí, lo que nunca debemos olvidarnos que el problema existe, es real, e individualmente no acaba simplemente a base de “likes”.

 

Perfil de la crisis migratoria mundial: ¿quiénes son los culpables de qué?
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