Ya es toda una realidad palpable: la España de una sola izquierda y una sola derecha ha dejado de existir. El bipartidismo imperante que durante décadas ha permitido la alternancia de poder se ha agotado, y ahora, cualquier partido o, más bien, cualquier coalición, puede llegar al gobierno con mayor o menor peso y legitimidad para ello.

Muchos han visto en la llegada a las instituciones de Ciudadanos y Podemos primero, y de Vox hace apenas unos meses, una “amenaza” a la estabilidad del país. Estabilidad por cierto ampliamente definida por casos de corrupción y tráfico de influencias ejercidos por ambos partidos que han ostentado el poder tradicionalmente en este país, tanto PP como PSOE.

No creo que ni mucho menos sea una amenaza: ¿desde cuándo la diversidad política es una amenaza para los órganos representativos de un país? Nadie coloca a sus representantes a dedo o de forma fraudulenta en un congreso o parlamento (a menos no en las democracias “reales”). Las bases de toda democracia es que sea el pueblo quien pueda elegir a sus representantes, ¿por qué debemos sentirnos representados únicamente bajo un par de signos o ideología política?, ¿por qué o se es de izquierdas, o de derechas?, ¿no puede un partido tender hacia el centro en cuanto a ciertas políticas sin perder su sentido político?

Es ahí donde partidos con ideología más aperturista y centrada, que no se coloque en los extremos, mejor juego y mejores oportunidades pueden ofrecer en las instituciones. ¿Cuál es el papel de los nuevos partidos en el panorama político español?

El papel de los nuevos partidos tras las elecciones al gobierno de España

 

Partidos bisagra…

 

Se denomina como partido bisagra a aquella formación sin los suficientes apoyos como para formar gobierno propio, pero con la suficiente fuerza como para ser determinante tanto en las políticas como en los acuerdos para hacer presidencial a otro partido.

El máximo exponente en este caso es Podemos, que ha actuado en la última legislatura como el partido bisagra perfecto, facilitando la investidura de Sánchez no sin antes poner sus condiciones sobre la mesa. Condiciones que llegaron a ser tan exigentes como la de querer la vicepresidencia del país con apenas algo más de 70 diputados.

Para las próximas elecciones se prevé que los nuevos partidos (incluimos a Ciudadanos y Podemos a pesar de contar con una década de experiencia) tengan ahora más que nunca la llave de la gobernabilidad.

 

… Pero con personalidad propia

 

La suma de partidos tanto de izquierda como de derechas en bloques no va a traer consigo el imperativo de una única voz, como ocurría en el pasado. Así, gobierne quien gobierne en coalición (parece poco o nada probable que un solo partido de los presentados obtenga una mayoría absoluta), tendrá que afrontar un reparto de poder más equitativo con otras fuerzas.

Hablamos de un reparto de poder “real”, donde una gran masa de electorado representado en un número considerable de diputados, ponga sobre la mesa condiciones, políticas, bases que esa gran porción de la población les demanda al Gobierno.

Quiero decir con reparto de poder “real” un reparto entre primera o segunda fuerza política con tercera, cuarta o incluso quinta ya con debatida legitimidad, pero no que partidos con una representación anecdótica, eminentemente regionalista o minoritaria, sean capaces por el hecho de sumar para el poder, decidir la dirección política de todo un país.

 

Un hemiciclo cada vez más europeo

 

No seré yo quien defienda posturas extremas ni mucho menos, pero tampoco seré de los que cuestionen su legitimidad. Si existen es porque hay fundamentos para ello, y no va mucho menos en consonancia con la representación que tienen estas fuerzas en otros países europeos.

Veo mucho más sano un país donde sus cámaras acojan a tantos partidos como ideologías existan en su población, que no la España de 2008 donde todos teníamos que elegir entre PP o PSOE si queríamos practicar aquello del voto útil.

Solo tenemos que fijarnos en la composición del Bundestag alemán y en la solidez de su democracia para apreciar cómo es posible una gobernación en la que se involucren hasta cuatro partidos y una oposición donde participen 5 partidos más.

De hecho, involucrando cada vez a más formaciones, se blindan las instituciones para que no ocurra lo que ha estado ocurriendo a lo largo de los años del bipartidismo español.

En definitiva, pese a que la inestabilidad nunca beneficia a nadie y, eso sí, incertidumbre con lo que pueda pasar hay y mucha, no creo que salga el resultado que salga tras las elecciones del 28 de abril, salga una hecatombe. Más deberíamos temer a un gobierno inmovilista que no a uno en que cada fuerza sume.

 

 

El papel de los nuevos partidos en el panorama político español
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