Tras los resultados de las primarias en Argentina el pasado 11 de agosto, el actual presidente de Argentina, Mauricio Macri, logró un 32% de votos frente al 47% de Alberto Fernández.

Estos resultados, no han gustado a los mercados y han provocado negativas y contundente repercusiones. El motivo es la alta fiabilidad de estas encuestas y a un recordatorio de las políticas llevadas a cabo en los anteriores mandatos por el equipo económico de Fernández de Kirchner con la manipulación datos, el cierre de la economía al exterior y la negativa a pagar la deuda. En cambio, Macri fue acusado por los votantes por su programa de austeridad, que ha causado una gran recesión, un alto desempleo y niveles de inflación.

Todo lo anterior se podría traducir como una posible crisis de divisa, debido a la caída del peso argentino nada más saber los resultados de las primarias. La depreciación fue tan elevada, que el Banco Central de la República Argentina tuvo que intervenir para impedir que se depreciase todavía más.

Esta devaluación implica inestabilidad en el tipo de cambio y una inflación para la población local muy elevada. Estas expectativas de pérdida de valor de la moneda y de poder adquisitivo es lo que puede impulsar el desarrollo de una crisis de divisa.

Debido a la caída, el capital de gran parte de inversores extranjeros ha desaparecido. Pues se ven afectados por una disminución de valor frente a su país de origen.

La situación de la economía argentina no solo afecta a las empresas locales, sino también a aquellas que tengan inversiones en el país latinoamericano. De las empresas españolas, se podría destacar a Telefónica, BBVA y Santander.

Éstas se podrían ver afectadas debido a un aumento de inflación, por lo tanto, una pérdida de poder adquisitivo, repercutiendo así en sus ingresos. En el caso de las financieras, el impacto puede verse reflejado por un aumento de los tipos de interés sobre la inversión crediticia y el aumento de la morosidad.