Una de las claves para mejorar siendo emprendedor y empresario es nunca perder de vista el panorama y la actividad del sector. De esta forma, podemos atender a las claves del éxito y también a las del fracaso para adecuarlas a nuestra línea de negocio y sacar lo mejor de ellas. Esto no quiere decir que “copiemos” o repliquemos modelos: lo que es adecuado para un negocio, no siempre lo es para el resto por muy similares que resulten las actividades que se lleven a cabo.

 

Con ello quiero decir que las circunstancias de cada empresa son únicas, y como tales, deben ser tratadas de manera especial, sin esperar fórmulas mágicas o replicar modelos de éxito pensando que nos van a funcionar al dedillo.

 

Hace apenas un mes detallé el caso de la Nevera Roja como una reflexión sobre lo adecuado de ser analítico y consecuente con cada decisión empresarial. Hoy me gustaría compartiros otro caso que refleja el efecto contrario: cuando todo son malas decisiones que encadenadas una tras otra hacen pasar a una prometedora startup de recibir 20 millones de euros en financiación a quedarse apenas sin plantilla. Es el caso de Jinn.

 

 

Qué es Jinn

 

Lo primero es el contexto: Jinn es una startup nacida en la fiebre de estos modelos de negocio, allá por el no tan lejano 2013. Fundada por tres veinteañeros españoles en los alrededores de la mismísima city londinense, llegó a recibir un total de 20 millones en ronda de inversiones simplemente “copiando” el modelo de éxito de Deliveroo: una app de reparto que te permite recibir cualquier producto en minutos.

 

En la naturaleza de su fundación encontramos uno de los primeros errores que le han hecho pasar del todo a la nada: al copiar un modelo no solo replicas sus éxitos, sino también sus fracasos, con el hándicap añadido de no haber sido los primeros en llegar al reparto del “pastel”.

 

En el caso de Jinn / Deliveroo, el hecho de ser unas aplicaciones móviles cómodas y sencillas de usar, que dan un servicio muy demandado y útil las colocan en una situación privilegiada en la parrilla de salida de las startups, pero también el ser modelos que necesitan una cadena de producción “precaria” y siempre dispuesta para mantener una estructura estable, hacen que sus cimientos no sean del todo estables como para soportar situaciones como las que ambas empresas han tenido que abordar (huelga de sus repartidores, mala imagen corporativa y desconfianza entre sus propios inversores).

 

Para no “eternizar” la lectura, me centraré en dar mis impresiones sobre los principales errores en la gestión de Jinn y, finalmente a modo de conclusión por qué la innovación sigue por delante de la réplica.

 

 

Los errores cometidos en Jinn

 

No me cansaré jamás de incidir en que, por mucho que se faciliten mediante métodos de entrada, bonificaciones y financiación, por mucho que se promueva como un excelente método de manejar nuestra economía, emprender es algo muy serio y algo que debe nacer de 50% talento para los negocios y 50% vocación y estudio.

 

Haciendo repaso de cómo surgió y cómo fueron los primeros pasos de Jinn (que podéis seguir en este artículo de El Confidencial), da la sensación de que se creó como un juego, como unos veinteañeros que pretenden emular a Jobs, Gates, etc. y cansados de jugar a la Play Station se ponen al mando de una empresa.

 

El problema viene cuando la empresa cuaja, y en vez de acudir a la formación y al conocimiento experto, se toman decisiones enfocadas al crecimiento sin medida y sin control, como fue el caso, descuidando otros factores decisivos para cimentar una empresa como la atención al cliente o la mejora del producto.

 

Toda idea y todo paso tomado en Jinn se centraba en atraer la atención de potenciales inversores y en copiar el mismo modelo que había triunfado en lugares semejantes. En este caso aplicaban en Newcastle en 2013, el modelo de la empresa Postmates que desde 2011 se llevaba a cabo en EEUU. Hasta tal punto que el CEO de Postmates, Bastian Lehmann, les replicó que dejaran de hacer lo que ya otros habían hecho.

 

Parecía irles todo sobre ruedas hasta que decidieron dar el salto desde el cómodo mercado de Newcastle, hecho a medida gracias a los numerosos estudiantes que hacían uso de la aplicación, a Londres, una ciudad “llena de tiburones” en la que necesitas tener tablas y muchos más conocimientos sobre emprendeduría de los que te pueda dar una universidad.

 

Este hecho les llevó a, entre otros problemas, tener que afrontar un territorio, una densidad y un nivel de clientes exigentes que demandaban una logística a la altura, algo de lo que Jinn carecía. Contaban con departamentos enteros trabajando para atraer pedidos, pero si quienes lo hacen posible, los repartidores, no están por la labor, una estructura tan gigantesca acaba cayendo como un castillo de naipes.

 

Y cuando algo tambalea, del nerviosismo se pasa al “sálvese quien pueda”, algo que no debe tener cabida en el manual del buen empresario. Así, los inversores comienzan a demandar acciones rápidas y eficaces que si no son tramitadas adecuadamente (y no siempre pasa por decir que sí a todo), no solo se corta el grifo, sino que se seca finalmente todo…

Por qué innovación va por delante de la réplica de modelos exitosos

 

Si los chicos de Jinn, que madera e ilusión por ello tenían, en vez de inclinarse por el camino fácil, hubiesen usado su talento para crear en vez de copiar, desde el comienzo hubiesen tenido un plan de negocio, un plan de financiación, un “paso a paso” para cimentar su empresa y poder abordar cualquier situación desde la lógica y no desde la improvisación.

 

Por otra parte, hubiesen creado su propio nicho, no teniendo que aprovechar el sobrante de otros de igual forma que se aprovechaban del conocimiento y experiencia ajena.

 

Entonces, ¿el único camino al éxito pasa por llegar donde otros no llegan? Sí y no. Tampoco a estas alturas debemos exigir a cada nuevo emprendedor que “redescubra la rueda”, pero sí que su idea, su modelo aporte un extra, aporte algo que en otra empresa o negocio no se pueda encontrar.

 

En ocasiones ese extra viene de redefinir el modelo imperante, pero en otras tantas de mejorar lo ya existente (que no copiar): algo tan simple de conseguir como mejorando la atención al cliente o siendo más competitivo.

 

En definitiva, de lo que se trata es de ser conscientes que emprender es mucho más que abrir un negocio y que, obviamente, se pueden tener fallos, pero nunca nos debemos permitir el lujo de no aprender de ellos: ni de los propios, ni de los ajenos.

 

 

¿Por qué basar nuestras ideas en la innovación y no en la réplica? El caso de Jinn
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