A principios de Abril tuve la ocasión de opinar en este blog sobre lo que es emprender en Latinoamérica y su fomento. La destaqué como una región donde los planes para desarrollar una empresa se llevan a cabo de forma impecable debido a que allá, se crean emprendedores por vocación real y mucha fuerza, pasando un montón de barreras estructurales; no por necesidad o por ser una salida como sería en Europa. Más o menos, recurrente a la hora de desenvolvernos en el panorama del mercado laboral mucha gente en Europa comienza una actividad unipersonal, que es otra forma de emprender.

Hoy quisiera reflexionar desde la otra posición, desde la visión de países como los que componen la Unión Europea, EE.UU o China: los grandes mercados, ¿estamos creando emprendedores “de paja” en estos países?, ¿se está fomentando demasiado la emprendeduría como la mejor salida ante las perspectivas de empleo sin formar adecuadamente a estos emprendedores para que sean capaces de sostener la estructura que les estamos ayudando a crear?, en definitiva, ¿estamos sumergidos dentro de la burbuja de la emprendeduría?

Mientras países como Chile, ahondan en una educación emprendedora, en formar a quienes deciden dedicarse de pleno a montar y hacer crecer su empresa, en España los apoyos se basan en ayudas económicas iniciales (insuficientes en la gran mayoría de casos) y en descuentos fiscales sólo durante el primer año. Aquí está la diferencia entre por qué a día de hoy, emprender en Latinoamérica resulta más adecuado que en España por focalizarnos en un mercado cercano.

Dado lo salvaje, profundo y traumático de la última crisis económica vivida en España, donde se han destruido millones de empleos, no sólo muchos se atrevieron a emprender como si fuera “El Dorado” prometido para salir de la situación de paro (desempleo) que se vivía en el país, sino que el propio Gobierno, alentó a que sus ciudadanos emprendieran como medida “estrella” para reducir el elevado índice de paro (que recordemos, llegó a estar por encima del 25% de la población activa). Es decir, se repartió mucho pescado, pero pocas cañas de pescar. Aquí también vuelve a aparecer un concepto diferente de emprender, ya que la gente se lanzo masivamente hacia los trabajos unipersonales; esos que el Latinoamericano se harían naturalmente “en negro”. Aquí aparece una diferencia de mentalidad emprendedora importante entre continentes. En España llevar una actividad de este tipo “en negro” seria casi imposible, porque simplemente nadie te compra ni te vende en esta modalidad; por mas que sean servicios.

Esta situación ha llevado que al igual que muchos se atrevieron a abrir la persiana de multitud de negocios (aunque esto es en sentido poético: la mayoría de la emprendeduría se llevó a cabo mediante empresas online, otra burbuja de la que convendría hablar…), gran parte de esos “atrevidos” tuvieron que bajarla al no ser capaces de mantener sus negocios en el mejor de los casos, o por haberse decantado por empresas utópicas o sin un razonamiento (o estudio previo) lógico en el peor de ellos.

Estos cierres no son ninguna sorpresa para aquellos analíticos que no dan un paso en firme sin la seguridad que les lleva por el buen camino. Son producto de una mezcla letal para el empresario: una mala base + nulos conocimientos de cómo llevar un negocio + ayudas insuficientes que se “cortan” o reducen en el peor momento, al año de abrir un negocio. Otras razones mas libradas al azar, es que a pesar de tener todos los componentes bien organizados, simplemente el mercado no estaba preparado. Esto ha pasado muchísimo con Start ups Israelies, que muy avanzadas, no han podido colocar sus productos, por motivos de que el mercado no esta listo, o porque son demasiado “niched” (apuntan a un nicho de mercado demasiado especifico, y entonces suelen cometer el error de ofrecer sus productos a precios muy caros.

¡Hasta videoclubs he visto que se abrían en plena era del streaming! ¿Es culpa del soñador que lo abre o de quien le da la llave en mano para que lo haga? mitad y mitad, ya que las instituciones al igual que se preocuparon por promover, deberían haberse preocupado por enseñar y alertar de que no cualquiera puede lanzarse a emprender: se necesita ilusión sí, pero también proyecto, bases, financiación y horas y horas de trabajo y esfuerzo que no todos están preparados para soportar. Lo que comentábamos en el articulo anterior, que considero una de las bases para emprender, es: plena seguridad que tengo algo mejor que el resto en cualquier aspecto de la venta, entrega o producto en si mismo. Sino tengo un valor adicional para entregarle al mercado, porque este va a comprarme? Suena simple, pero muchos emprendedores pierden el foco, miran su producto como lo mejor del mundo, pero no evalúan que valor real distinguido y palpable le trae al mercado.

También hay que romper una lanza a favor indicando que no es un error exclusivo ni una extrañeza del Gobierno español: incluso en el gigante asiático, en China, donde sí hay una cultura bastante potente a la hora de hablar de emprendeduría, se producen errores semejantes.

El otro día, leyendo la prensa (no recuerdo ahora mismo el medio), me llegó la historia de un emprendedor chino que, empujado por el boom de la economía colaborativa (quienes trabajamos en el sector financiero tenemos muy claro que después de un ¡boom! viene tarde o temprano un ¡crack!), no se le ocurrió mejor idea que aplicarla al mundo de los paraguas, creando una empresa que en la línea de Blablacar, Über y similares, permitiera hacer uso de paraguas estratégicamente colocados por toda la ciudad.

Esta empresa, obviamente (aunque no tanto para el ensoñador “emprendedor” chino), ha quebrado, dejando entre deudas y otros daños colaterales de su mala cabeza, la friolera de 300.000 paraguas ahora sin dueño.

Quedándonos en la superficie, podríamos afirmar que la culpa de esta quiebra es lo surrealista del planteamiento, pero hay errores más profundos en este negocio inviable que nos pueden servir para ilustrar la diferencia entre quién emprende con cabeza, y quién lo hace por impulso o mal asesorado.

  • Error nº 1: no haber realizado un estudio de mercado. Antes de pensar que una idea pueda ser exitosa, debemos pensar si es “necesaria” a través del valor que le agrega a la oferta actual. Vale que muchos éxitos empresariales vienen de crear necesidades antes que cubrir las existentes, pero, ¿es lo suficientemente revolucionario alquilar paraguas como para considerar que estamos ante el nuevo iPhone? Cuando no estamos lo suficientemente seguros de la imbatibilidad de nuestra idea en el mercado actual, nunca debemos dejar de preguntar a nuestro público objetivo (además de localizarlo previamente). Seguramente si este señor del lejano oriente, hubiese preguntado a un sector de población representativo, le hubieran respondido que ya tenían un paraguas en casa, y que es preferible comprar un paraguas a alquilarlo, incluso cuando la lluvia te coge de imprevisto.
  • Error nº 2: no haber realizado un estudio financiero. ¿Y por qué es preferible comprar un paraguas a alquilarlo? Porque estamos ante un producto cuyo coste de adquisición es infinitamente menor al que plantean otros productos tradicionalmente puestos en alquiler (coches, viviendas, etc.).El sentido del alquiler es poder poner al servicio de quien lo desee, un producto que no se puede permitir adquirir o que no quiera mantener. ¿Entra un paraguas dentro de esta categoría? No manejo las cantidades exactas del coste de un paraguas en China, ni el precio al que este señor puso en alquiler su “flota”, pero manejando las de aquí, por 5 euros podemos comprar un paraguas que cumpla su función, ¿por qué precio inferior a estos 5 euros nos llegaríamos a plantear su alquiler?, ¿50 céntimos?, ¿20 céntimos?, ¿son viables estos precios para que resulten atractivos a la par que rentables? Eso dejando de lado los costes adicionales, como la impresión del código QR que todos los paraguas disponían para tenerlos localizados, el desarrollo y mantenimiento de la app, la infraestructura y la plantilla que controla la correcta localización y devolución de los paraguas, etc.
  • Error nº 3: pensar en el corto plazo. No me canso de repetirlo: emprender es una carrera de fondo, por lo que nunca debemos hacer un sprint cuando comenzamos porque nos arriesgamos a agotarnos y quedarnos sin fuerzas para llegar a meta. Esta meta atendiendo a medidas objetivas, se sitúa en torno al tercer año desde que ponemos en marcha un nuevo negocio.El corto plazo para este señor era “hacer caja” ante las fuertes temporadas de lluvia que afectan a la región china donde se encontraba. Pero por muy fuerte que estas lluvias puedan llegar a ser, siendo optimistas para este negocio, no iban a durar más que cuatro meses al año, lo que deja ocho meses restantes sin necesidad de usar el servicio y sin nada que facturar.¿Serían los beneficios de los 4 meses de lluvias tan abultados como para soportar 8 meses sin ingresos? La pregunta, viendo el historial de despropósitos que acumula este negocio, se responde por sí sola…

Podría llevarme horas y horas enunciando los errores que le han llevado a este chino en particular a fracasar, pero estos tres son suficientes para hacer hincapié en los dos principales que se produce en los “malos emprendedores” o “emprendedores de paja”: una mala o inexistente planificación, y una mala o inexistente formación emprendedora, ya que en toda escuela de negocios o en toda información que caiga en manos de quien quiere formarse al respecto, le dirán que un estudio DAFO, un plan de viabilidad, financiero, de márketing… son herramientas “sine qua non” se debe emprender.

 

¿Estamos sumergidos dentro de la burbuja de la emprendeduría?
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