Finalmente se dio el escenario que se preveía ya desde que naciera este gobierno socialista, y finalmente habrá elecciones el próximo 28 de abril. Una situación que no por prevista, ha dejado de ser una constante incertidumbre desde aquel mayo del pasado año cuando se culminó la moción de censura contra Rajoy.

Y es que, si algo le debemos reconocer a este gobierno de Sánchez, es su garra y su pasión desmedida por aferrarse al poder. Y cómo, decretazo mediante y -tal como se dice en política- con “extraños compañeros de cama” (entiéndase por tal a sus socios de gobierno independentistas), ha conseguido la hazaña de gobernar durante 9 meses con apenas un cuarto de los escaños necesarios para hacerlo con naturalidad.

Ese ha sido principalmente el hándicap y lo criticable de este gobierno, más allá de sus debatidas posturas y los escándalos ministeriales, que ha habido tiempo hasta para eso… Contar con apenas algo más de 80 diputados no puede garantizar una estabilidad en un país al que cada día se suman nuevos partidos y nuevos puntos de vista con el favor de la gente.

Pero si durante este último gobierno, la inestabilidad y la incertidumbre ha sido una constante, el panorama que se presenta o se puede presentar tras las elecciones no es mucho más clarificador. Pase lo que pase, parece seguro que ningún partido conseguirá la suficiente confianza de la población como para alcanzar una mayoría relevante. ¿Qué perspectivas existen de Gobierno tras las elecciones de abril en España?

 

Los resultados más posibles (que no probables) tras las elecciones en España

 

Aumento de la cuota socialista

 

Más que un gobierno, ésta etapa socialista ha sido una constante precampaña electoral sin más intención que la de ganarse el público indeciso o al socialista desencantado, que no son pocos.

Tras la poca determinación y coliderazgo en el conflicto catalán, la imagen soberbia y poco apegada al electorado izquierdista de la, -rival más que compañera-, Susana Díaz, el rechazo frontal de la antigua guardia del PSOE…. Antes de la moción de censura, la imagen de Sánchez era la de un líder desdibujado, sin apenas rumbo y sin un perfil firme y carismático más que su impecable imagen ante las cámaras.

Tras el sorpresivo giro de los hechos que lo hicieron presidente, toda la, ahora fallida legislatura, ha sido una constante de populismo y de gestos hacia el electorado, donde todas las medidas iban destinadas a deshacer la herencia de Rajoy y donde las apariciones públicas iban en aumento, aunque fuera a costa del erario.

Todo ello, como el buen marketing promete, parece dar sus frutos, y de ver como el histórico partido que gobernara durante más de 18 años en democracia, luchaba por ser la tercera o cuarta fuerza, recibe un importante balón de oxígeno (a golpe de decretazos) y vuelve a disputarse el primer o segundo puesto como los años del tradicional bipartidismo.

 

Coalición de derechas

 

Pese a ese balón de oxígeno, el hecho de contar con un hemiciclo cada vez más fraccionado dificultará hasta tal punto la posibilidad que un único partido sea capaz de alcanzar mayoría notable como que, ni siquiera un PSOE hipotéticamente vencedor, podrá reeditar pactos en la Moncloa que le devuelva a Sánchez su adorada vara de mando.

Así, tras la experiencia andaluza y tras los primeros sondeos, son pocos los medios que auguran un gobierno “fuerte”. Lo que parece más probable que el ensayo llevado a cabo en Andalucía se reedite en la gobernación central, con un PP, Ciudadanos y VOX uniendo fuerzas para conseguir el único pacto posible que, hoy en día, sume las fuerzas necesarias como para dar al país un gobierno medianamente estable.

De esta forma, Vox culminaría su puesta en público, pasando de ser un partido cuestionado a un partido representativo, con suficiente poder como para dar la llave de la gobernación.

 

Desacuerdo en la izquierda

 

Mientras la derecha suma adeptos en forma de diferentes corrientes y no centralizadas en un único partido, la izquierda se muestra cada vez más dividida, no solo cuestionando y evidenciando diferencias entre las distintas formaciones, sino también dentro de ellas mismas, con los podemitas en el centro de todas las miradas a este respecto.

Si el PSOE ha conseguido cerrar finalmente filas en torno a su líder pese a las idas y venidas (y las zancadillas de históricos dirigentes… que aun así desean la caída de Sánchez en cualquier momento), los de la formación morada las rompen a apenas semanas de importantes citas electorales.

Conocidas son las discrepancias casi desde su fundación entre Errejón e Iglesias, un líder cuyo mandato resulta incomprensible al igual que esperanzador para la derecha de este país, que asiste con expectación como a cada escándalo o decisión, la fuga de votantes es considerable hacia el otro lado de la balanza.

 

Fallos en las encuestas preelectorales

 

Termino con el que puede ser el escenario más probable: el fallo de todas las encuestas vistas hasta ahora.

El sentido de este artículo no es tanto analizar la perspectiva política, sino plasmar unas previsiones ampliamente cacareadas pero que probablemente fallen.

Volvemos a Andalucía para ejemplificar el porqué del razonamiento: ya casi nadie se acuerda cuando ante una recién saltada a la palestra formación Vox, le auguraban un ya positivo resultado de uno a dos parlamentarios provenientes de Almería. Estos eran los resultados más ventajosos de todos los mostrados por las encuestas y era una situación que el propio Santiago Abascal, hubiese firmado de antemano.

Llegó la cita de los andaluces con las urnas y de dos posibles parlamentarios, Vox obtuvo la nada desdeñable cifra de 12. ¿Alguien tenía previsto este escenario? Ni el más conservador diario se hubiese atrevido a vaticinar más allá del par “previsto”.

Ahora Vox ha perdido el “factor sorpresa” como para romper los esquemas en el caso del gobierno central, pero el electorado no es muy dado a indicar sus preferencias sobre el voto “extremista”, tal como se califica a la formación verde, por lo que, ¿sería posible que Vox multiplicara de nuevo sus previsiones?

Por otra parte, pese a los vientos rupturistas que rodean a la izquierda de este país, el avance firme de la derecha puede mover a su electorado más crítico o desencantado a votar en masa, rompiendo nuevamente las previsiones.

Lo que está claro suceda lo que suceda, es que ya no estamos en la España electoralista del bipartidismo, y que la representatividad de toda forma y pensamiento tiene cabida en unas elecciones en lo que todo puede suceder. ¿Debemos temer a ello? Pese a que la inestabilidad nunca es buena, tampoco lo es la falta de representatividad, y en este caso la hay y mucha.

 

¿Qué ocurrirá tras las elecciones de abril en España?
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