2017 y ya desde el comienzo, 2018 ha estado marcado, entre otros asuntos, por campañas de alto componente feminista que, como es el caso del #metoo o el recientemente usado en los Globos de Oro #Timeisup, ponen en relieve y, en entredicho, el papel supuestamente inferior de la mujer dentro de la industria.

¡Ojo! con el uso del “supuesto” y con la calificación de “campaña feminista” no quiero ni mucho menos ni desprestigiar, ni denostar el necesario y útil mensaje que se ha transmitido, pero sí creo que debemos pararnos a analizar y matizar el altavoz que se está usando. De ahí a que me aventure a escribir al respecto en este artículo.

Hollywood: del escándalo permitido al puritanismo y la moralidad

 

Los escándalos sexuales, el hecho de cobrar significativamente menos una mujer por el mismo trabajo que un hombre, que se premie más a actores y directores que a sus homólogos femeninos… Todo ello son hechos que merecen debate por supuesto, pero más que exponer la ropa sucia e impartir moralidad de la noche a la mañana, creo que resultaría más sano limpiarla con la misma celeridad.

La poderosa maquinaria de Hollywood (que más que una industria del entretenimiento, actúa como potente lobby con mucho más poder del que podamos llegar a imaginar mediante la realización de una película) como altavoz que resulta por el poderoso alcance que supone, debería no moderar, pero sí ser mucho más cuidadoso con los mensajes que lanza.

Que Harvey Weinstein o Kevin Spacey merecen nuestro repudio es un hecho constatado por todas las acusaciones con fundamento y demostradas que pesan sobre ello, pero que estos casos se conviertan en una ola donde todo trato imaginable del hombre hacia la mujer, sea cuestionado y mirado con lupa a partir de ahora, es “harina de otro costal”.

Por suerte, tenemos órganos de justicia que, con mayor o menor celeridad, actúan y resultan eficaces en cuanto aplican unas leyes que son para todos por igual, seas hombre o mujer. Por suerte no hay que esperar que Tom Hanks y Meryl Streep se embarquen en una cruzada libertadora contra los crímenes de la humanidad en otras latitudes para que haya justicia. Esta justicia, aplicable tanto en EEUU como en Uruguay, España o donde haya democracia (o se presuma de ello), permite que en el caso de sufrir un abuso, se investigue y se culpabilice por ello a quien sea oportuno. Por suerte no hay que esperar que estos autoproclamados el país mas poderoso, y la policía del planeta, nos mande a sus estrellas de Hollywood a impartir justicia y moralidad.

Son los órganos de justicia los que se deben encargar de esta labor, de la de castigar y compensar lo sufrido por esos abusos (aunque entiendo que mentalmente no es posible compensación alguna), no una opinión pública que, por desgracia, a día de hoy cree más en lo que se cuenta en las redes sociales que en los diarios.

De que sea más creíble un post en Facebook o un tuit, tienen gran culpa estos altavoces de alfombra roja que aprovechan estos espacios como púlpito para dar rienda suelta a rencillas de una industria que tiene mucho más que ocultar que el poder de estos magnates que se creen todopoderosos.

Victimas de sus propias metodologías es por ejemplo que Trump esté al poder, y sin embargo es (en muchas ocasiones muy merecidamente) diana de muchas críticas venidas desde la Meca del cine: que a día de hoy el presidente de la que presume ser la nación más poderosa del planeta, sea un excéntrico millonario proveniente del mundo de los reality shows, es producto de la “democratización” o “vulgarización” más bien, de quienes nos deben representar.

Me explico: Trump llegó al poder contra todo pronóstico porque sus discursos calaron en “el pueblo llano”, ese mismo pueblo que consume los blockbusters y las superproducciones hollywoodienses como si fueran alta cultura. Los mismos que creyeron en un gobierno de “Terminator” en California y los mismos que no dudarán en lanzar a Oprah Winfrey de presentadora televisiva a candidata demócrata. Los mismos que en definitiva permiten que a día de hoy la política no sea una profesión y requiera formación y alta cualificación, sino un divertimento o una ocupación que puede ser practicada por cualquiera que tenga cientos de seguidores.

¿Pueden estos altavoces actuar de defensores de la moralidad? Estos mismos que convivieron con los abusadores, con los discriminadores por decenas de años sin hacer absolutamente, rasgándose las vestiduras en agradecimientos a Weinstein en cada Oscar sabiendo perfectamente lo que estaba pasando. Estos mismos que deben de tener unos “códigos” dentro de su accionar, que espantarían a cualquier persona de bien y que algún día también saltaran a la luz (pero hoy todos cumplen y respetan). Son los hipócritas más tristes del planeta. Una vez que se hace público, porque alguien se cansa de aguantar estas barbaridades que a plena vista de todo ese mundillo se les permitía día a día, cual peaje hacia el éxito. Una o unas mujeres que claudicando el futuro de su carrera y saliendo de los códigos actuales de Hollywood, se decide a denunciar esta barbaridad que tantas cientos de veces anteriores fue tapada con dinero. Seriamos muy ingenuos si creemos que esto no era moneda corriente y de pleno conocimiento de todo ese establishment. Tanto es así, que ellos mismos se encargan de mostrarlo en sus propias series y películas. De repente, de un día para el otro, los mismos cómplices, los mismos abusados y abusadores son los reyes de la moralidad y la ética, (“hoy vamos de negro chicas, pero solo hoy, ya para el próximo evento volvemos a Versace!!”); a tal nivel que un discurso de unos pocos minutos, ya les da pie para continuar el show de la banalidad Americana. Oprah Presidente!! Y nosotros mirando este disparate por televisión como ellos tuvieran alguna autoridad moral…..

 

Reenfocar el debate sin pervertir el mensaje

Por esta razón estoy siendo crítico con cómo la maquinaria pesada de Hollywood está tratando y pervirtiendo un tema trascendental y muy necesario como el del trato a la mujer. La misma industria que paga 1.500 veces más a Mark Wahlberg que a la en tres ocasiones candidata al Oscar Michelle Williams por el mismo trabajo.

 

¿Se debe silenciar el tema de los abusos? Insisto, no. Pero tan trascendental es, que la elegancia con la que se debata este tema debe ser muy superior a la de cualquier chisme de revista del corazón.

 

En este sentido, cabe destacar y dar difusión el manifiesto que, a raíz de los excesos de Hollywood sobre este tema, han firmado representantes notables de la industria cinematográfica francesa en contra de la frivolidad del movimiento #Timeisup. Es el caso de Catherine Deneuve, toda una dama en mayúsculas del cine mundial que no puede ser para nada acusada de antifeminista, y que ni mucho menos defiende la actitud machista de la industria ni quita valor al mensaje de que las mujeres no deben ser tratadas como objetos: todo lo contrario, aboga por defender a ultranza el papel igualitario de la mujer en cualquier ámbito pero sin que sea a costa de demonizar ni criticar todo lo que se interponga.

 

De este manifiesto, publicado en el diario Le Monde el pasado 9 de enero, se recogen brillantes perlas dignas de gente con cabeza, que asume su papel de representantes de una sociedad que merece discursos más allá del vociferio. Destaco dos de ellas:

 

  • (El movimiento #Timeisup supone) “la irrupción de una “moral victoriana” agazapada en una especie de “fiebre por enviar a los cerdos al matadero”, que no se traduce más que en coartada para “los enemigos de la libertad sexual, como los extremistas religiosos”.
  • “No es incompatible defender la dignidad y derechos de las mujeres y disfrutar siendo “objeto sexual de un hombre, sin ser una puta ni una vil cómplice del patriarcado”

 

Respecto a ambas citas, recalca un hecho que parece querer ser tapado por la por todos conocida moral hollywoodiense, que no es otra que mientras presumen de progresía y critican a figuras como Weinstein o Trump (que, insisto, lo merecen…), no dudan en demonizar a la mujer que dicen defender, si decide lucir cuerpo. Lo criticable es que sea por obligación o sin su consentimiento, pero no que la mujer actúe con independencia y como mejor crea que le conviene o le apetece.

Recomiendo la lectura de la columna de Elvira Navarro en el Confidencial al respecto del comunicado del que Catherine Deneuve forma parte, del que se puede resumir que el movimiento #Timesup peca de ““el tipo de moralismo desde el que se equipara a un baboso que nos ha tocado la rodilla con un violador se parece a quien acusa a una chica violada de ir provocando con pantalones cortos. Es el mismo esquema de pensamiento: el del acusador que ve pecado por todas partes“.

En definitiva, tal como os comentaba en mi artículo sobre la sobre-información que nos aborda a diario, debemos saber reinterpretar y analizar los mensajes que nos llegan ya que, en caso contrario, en vez de avanzar hacia una sociedad progresista y liberal tal como se nos intenta vender, acabaremos censurando todo tipo de opinión que sea discordante hoy día, que es al fin y al cabo el modus operandi de Hollywood y sus representantes.

 

El poder de Hollywood y la industria del entretenimiento a debate
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