El MWC (Mobile World Congress) es una feria del sector de la telefonía móvil y las telecomunicaciones que se celebra en Barcelona a finales de febrero cada año. Su importancia es tal, que no hablamos de un congreso anual simplemente donde se reúnen expertos y empresarios, sino de todo un acontecimiento que moviliza a una gran ciudad con números de vértigo.

 

Tal es la magnitud del MWC que aquí no sólo se dan encuentro las multinacionales más importantes a nivel mundial (resulta cuanto menos curioso ver cada año al CEO de Facebook, Mark Zuckerberg, practicando running en las mediaciones de la Sagrada Familia), sino que a su alrededor se generan 14.000 puestos de empleo y se ingresan, tanto directa como indirectamente, alrededor de los 500 millones de euros.

 

Presencia de más de 2.100 empresas venidas de todas partes del mundo, 4.100 periodistas internacionales acreditados y un coste de entrada que superan los 700 euros son otros de los datos que la sustentan como la mayor feria del mundo pero, ¿a qué se debe tanta atención mediática?

 

El sector móvil: un auge sin vistas de parar

 

Lo que ha convertido la MWC en el circo mediático que es hoy día es que tanto la ciudad de Barcelona, como la organizadora y dueña de la franquicia, la Asociación GSM, supieron ver todo el potencial de un sector como el de la telefonía móvil 12 años atrás.

 

Hoy día, la telefonía móvil tiene una envidiable penetración en el mercado del 100% (existen 7.000 millones de dispositivos para una población de 7.000 millones: una cuota de mercado que ni la televisión, ni siquiera internet, con 3.600 millones de usuarios, han podido ni imaginar) y su facturación anual genera el 2% del PIB a nivel mundial. Datos que evidencian la importancia de un sector que ni tan siquiera ha tocado ni se prevé que toque techo.

 

Pero debemos recordar que todo este montaje del MWC surgió en 2006, y es aquí donde debemos dar mérito a la inteligencia empresarial de los promotores del Mobile World Congress y de su ciudad de acogida: saber adelantarse a la tendencia y saber predecir el éxito de una tecnología que, aunque creciente, aún por explotar.

 

En 2006 los teléfonos apenas contaban con acceso a internet, y los que lo tenían ofrecían unas tarifas prohibitivas y de ínfima calidad (probad a leer un artículo en un modelo de 2006, donde ni siquiera existía el scroll, ni pantallas de alta definición, ni tecnología táctil).

 

No fue hasta el año 2013 cuando, con la llegada de la tecnología 4G y con la democratización de los smartphones, se comenzó a navegar cómodamente por el terminal móvil sin que se quedara colgado, tardara en cargar o nos costara un pastizal abrir la página de Google, hasta que hoy día con compañías que se esfuerzan por ser las que ofrecen más gigas (hasta 2014 el lenguaje natural era de megas) y se avanza hasta ofrecer mayores facilidades como la total desaparición del roaming. Raro es quien no cuente con uno o con dos de estos dispositivos.

 

Mientras tanto, desde 2006 hasta este 2018 han pasado 12 ediciones del Mobile World Congress donde a cada año, se sumaban más y más empresas, deseosas de presentar todos estos avances y otros muchos tantos que ha hecho llegar a la feria a este punto de hegemonía y asegurando el crecimiento del gigante que es hoy en día.

 

El negocio de las ferias internacionales: El Dorado que todos desean

 

Por otra parte no estamos hablando únicamente del rentable negocio de una feria de un sector concreto, sino de la rentabilidad que todo congreso tiene en las arcas de donde se celebra y de quienes lo celebran.

 

Tal es así que no hay ciudad con un elegante distrito financiero que se precie, que no puje por tener su propio turismo de negocios. Sólo hay que ver como la propia Montevideo cuenta con su propio plan de promoción y desarrollo específico para congresos y eventos internacionales. ¿Y a qué se debe este interés?

 

El turismo de negocios no sólo mueve millones de ingresos directos e indirectos durante su celebración, sino que además proporciona una masa de turistas silenciosa (casi siempre de reuniones y con poco tiempo para colapsar atracciones turísticas), con alto poder adquisitivo y que suele prolongar su estancia más allá de los días de celebración de la feria en cuestión.

 

Ninguno de los asistentes tipo a estas ferias llevarán un comportamiento como el que se nota en periodo estival en la propia Barcelona, en Punta del Este o en cualquier otro destino de interés turístico. Ninguno de los asistentes al MWC acabarán con las reservas de alcohol de unos ultramarinos ni lo consumirá en plena calle dejándolo todo como el paso de un tsunami.

 

Además, en estas ferias no sólo se realizan muestras de productos o compra-venta directa: lo más interesante de estas ferias sucede en los backstages, en los reservados de los restaurantes de lujo o a bordo de un catamarán en una fiesta pagada por alguno de los expositores. No es otra cosa que el cierre de contratos, negocios, alianzas de las empresas que asisten y que marcarán los ingresos y beneficios del siguiente curso fiscal. ¿A qué si no iban a venir los CEOs de Microsoft, Facebook, Apple, Samsung… año tras año a Barcelona por las mismas fechas?

 

El Mobile World Congress: la suma de ambos factores

 

Un sector en continuo auge y un modelo de negocio rentable en todos los sentidos, si los juntas dan una fórmula más que ganadora. Y esto es lo que ocurre con el Mobile World Congress.

 

Nos encontramos con un modelo tecnológico que, donde otros ven obsolescencia, resiste haciéndose cada vez más fuerte, y un planteamiento de muestra de todo este poder que pone de acuerdo a toda una ciudad como Barcelona, para que aplauda su celebración.

 

La suma de estos dos conceptos es lo que hace que todas las ciudades que puedan presumir de poder económico del mundo, se peleen porque el MWC llegue a celebrarse en sus inmediaciones o dar con un congreso capaz de captar tanta atención (y financiación).

 

¿Y qué podemos aprender de “todo este circo”? Insisto en que la base del éxito de este evento entre otras circunstancias fue el olfato de los organizadores que, años atrás, previeron que si había que apostar por una tecnología que resistiera cualquier crisis, cualquier actualización y cualquier otra circunstancia que pudiera quitarle rentabilidad, ese sería el sector móvil y todo su ecosistema.

 

Así, trasladada esta experiencia al mundo de las finanzas, vemos como el olfato inversor consiste en eso mismo: en estudio, en reconversión, en integrar (y diversificar) nuestra estrategia. Podemos ser una feria de muestras local o el MWC, ¿qué decides?

 

 

El negocio del MWC al desnudo: ¿por qué mueve tal cantidad de millones y despierta tanto interés?
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