Ser un empresario de éxito, orgulloso padre de dos hermosos hijos, con obligaciones que me llevan de un lugar a otro y con un sentido de la responsabilidad que me “obliga” a atender cada movimiento de mis negocios al milímetro… En ocasiones sacar tiempo de donde no lo hay se convierte en tarea imposible, y es en ese momento donde un término al que estamos poco acostumbrados en el mundo de la emprendeduría y los negocios surge como la única solución posible: delegar.

Saber delegar es parte de la base del éxito, además de ser una cualidad que diferencia a los buenos líderes de aquellos que lo son por cuestiones “azarosas” o que son más bien jefes que cuentan con personal a su cargo para sacar trabajo más que con un equipo comprometido al que extender sus acertadas acciones empresariales.

¿Y cómo podemos asegurarnos no solo de delegar aunque nos cueste, sino de hacerlo a quien toque y quien mejor pueda desempeñar cada tarea?

Un líder no tiene miedo a “no hacer”

Introducía distinguiendo levemente entre lo que supone un simple jefe y un líder, pero no tenemos que quedarnos en conceptos de escuela empresarial en que un líder es uno más mientras que un jefe solo dirige. Se puede únicamente solo dirigir y aun así ser un magnífico líder.

De hecho, los mejores líderes son aquellos que toman buenas decisiones sin tener que formar parte directa de ellas, es decir, delegando. La paradoja de hacernos imprescindibles a la par que cada vez estamos menos involucrados…

¿Alguien dudaba del liderazgo que ejercía Steve Jobs en Apple?, ¿realmente pensamos que era un gran líder porque se involucraba en cada decisión: desde el momento en el que se diseña un dispositivo hasta su montaje y puesta a la venta? Steve Jobs era un buen líder porque se supo rodear de los mejores, y se aseguró que cada aspecto que involucraba a la marca Apple estuviera en manos de expertos.

Pero ojo, no se es tampoco mejor líder por repartir las tareas notablemente, sino por asegurarnos de que se hagan con un nivel de calidad acorde a las expectativas, al tiempo y a la calidad que define a nuestra empresa.

Para poder delegar, hay que saber a quién delegas

No se trata tampoco de que tu mano derecha, tu hombre o mujer fuerte de confianza, sea quien dirija equipos o quien se encargue de las decisiones más relevantes de tu empresa, tampoco que lo haga un “total desconocido”, sino simplemente el que consideres el mejor para cada materia.

Si te dedicas al mundo financiero, no puedes consentir que quien decida a qué invertir o a qué no, no tenga formación sobre el funcionamiento de los principales mercados… Por mucho que tenga estudios económicos o que a nivel amateur se le dé bien la Bolsa.

Por ello, la decisión de a quién decides qué va a hacer y de qué manera es tan relevante como la forma en la que se lleva a cabo. En este aspecto debemos tener en cuenta también que este hecho supone marcar como “especialista” a la persona, por lo que nos interesa que siga creciendo en ese sector y aumente su capacidad de desenvoltura.

Establece organigramas para un mayor control

 

Para que el hecho de delegar funcione, necesitamos saber a cada momento quién está llevando a cabo cada tarea. Insisto: “delegar” no es olvidarse, es simplemente involucrarse menos sin que abandonemos la tarea.

Por esta razón, el equipo formado debe ser resolutivo, pero también saber a qué momento o qué cuestiones se les escapa y que sepan responder a esos momentos con agilidad y buscando la respuesta de la mejor fuente.

Este factor clave tiene solución mediante un organigrama claro y preciso, en el que cada miembro aparezca dibujado y tenga clara su posición y hasta donde llegan sus tareas. Así como a quién debe dirigirse en el caso de quererlas ampliar o mejorar.

Sentir que se está presente (sin estar presente)

Un buen líder engrasa la maquinaria para que cada elemento de ésta funcione milimétricamente sin que se le tenga que “dar cuerda”. Eso no quita que no deje “a su suerte” cada equipo: debe estar dispuesto a que, aunque no se involucre al 100%, pueda dar su opinión y su consejo no como dictado, sino como recomendación de experto.

Esto también sirve para poder detectar los fallos antes que se produzcan. Un buen líder está dispuesto a escuchar no por “postureo”, sino porque es la única forma de que dé la confianza necesaria como para que ante cualquier problema se le informe y no se deje pasar por miedo a “represalias”.

Para poder llevar a cabo cierto control sin tener que estar encima en todo momento o dando una sensación de “rendir cuentas”, viene muy bien que antes de emprender cada proyecto, se establezcan “hitos de control”: momentos predeterminados en que el equipo deberá informar del estado y evolución de cada tarea a modo de informe.

Ni evitar, ni olvidar

 

En conclusión, podemos afirmar que la base de una buena tarea de delegación es que no se evite el momento de dejar en manos de otra persona una función, ni tampoco nos olvidemos de que esa tarea se está llevando a cabo.

Para ello, el equilibrio sobre la información que tenemos de cada trabajo y la confianza de quién la lleva a cabo resulta primordial.

 

Consejos de Juan Pablo Jutgla para aprender a delegar
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