El 12 de mayo entró en vigor uno de esos decreto-ley que de forma peculiar aprobó el gobierno socialista en la anterior legislatura. Esta nueva norma obliga a todas las empresas con empleados a su cargo (independientemente de su tamaño) a fichar, a registrar el horario de entrada y de salida.

Más allá de los problemas logísticos que acarrea la normativa, el mayor problema que a mi parecer plantea es “la dictadura del tiempo”.

Está bien proteger al empleado a la hora que no realice horas extras abusivas o sin remunerar, de igual forma que está bien proteger al empleador de prácticas deshonestas como el absentismo laboral. Lo que no veo lógico es que, amparándose en estas protecciones, la norma rompa con la flexibilidad que todo trabajo debe tener.

Debemos tender a que los puestos laborales sean cada vez menos rígidos, fomentando prácticas como el teletrabajo o incluso el trabajo por proyectos. Es decir, que un empleado no sea un funcionario con horario de 9 a 5: sino una persona capaz de gestionar como mejor vea oportuno su tiempo. Que tarda menos en realizar su trabajo… ¿por qué debe esperar hasta las 5? Y de igual forma si se retrasa, no se encuentra inspirado o necesita más tiempo… ¿por qué no va a poder flexibilizarlo?

Una vez introducido el panorama que esta ley plantea, os paso a indicar una serie de claves que nos pueden ayudar a manejar el tiempo de trabajo de forma efectiva

4 consejos de Juan Pablo Jutgla para manejar el tiempo de trabajo de forma efectiva

Aprende a medir la carga de trabajo

El mayor problema por el que “no llegamos” a ciertas tareas es porque no hemos medido ni los recursos ni el tiempo que necesitamos para ella. ¿En cuantas ocasiones un trabajo sencillo se ha complicado por no haberlo abordado en su momento debido a que otros “robatiempos” lo han postergado?

Por ello, conviene que antes de emprender una tarea, sepamos tanto la carga que tenemos a su alrededor, como el tiempo aproximado y los recursos que nos va a consumir realizarla.

Planifica tu jornada

Ya sea a nivel diario, semanal o incluso mensual, conviene que sepamos cada día a qué lo vamos a dedicar. Obviamente siempre surgen imprevistos o el cálculo promediado para la realización no se acaba cumpliendo, pero tener en mente cómo nos queja la jornada ayuda (y mucho) a aprovecharla al máximo.

Prescinde de lo innecesario

Hay rutinas que las llevamos a cabo “porque se han de hacer”. ¿En serio son necesarias todas las reuniones que planteamos? Todo lo que no aporta a largo plazo, no sirve en una empresa. Por ello, si algunas de estas tareas nos roban demasiado tiempo, lo mejor es suprimirlas cuanto antes.

Aprende a delegar

Es uno de los máximo problemas cuando se repite el mantra de “no llego a todo”. No siempre debes cargar a tu espalda toda la responsabilidad desde lo que se hace hasta lo que se supervisa. Si hay plantilla para ello, debemos confiar plenamente en ella (si no es así, es que no sirve como plantilla), y que sea ella la que se haga cargo de tareas que en sus manos, se harían de forma más ágil e incluso eficaz.

Mediante estos cuatro consejos no se te asegura que te cuadren las horas de trabajo, pero seguro que comenzarás a valorar por encima de lo que te diga esta ley, uno de los mejores recursos d ellos que disponemos: nuestro tiempo.