Ha pasado ya un año de los bochornosos actos con los que la sociedad barcelonesa y catalana se disparaban a su propio pie y daban una imagen de inestabilidad e inseguridad a los mercados internacionales.

Ese acto no salió gratis por mucho que las mentes pensantes que organizaron estos actos se apresuraron a indicar que no existía una fuga de empresas: al poco de este acto, se estimaron en más de 2.200 las empresas que habían puesto rumbo a otras ciudades y países, ya fuera mediante la común fórmula de cambiar el registro de la sede social, o directamente haciendo las maletas y mudándose a otro lugar.

Con el año fiscal ya a pleno rendimiento, este gigantesco número de fugas apenas hicieron mella en las hasta entonces saneadas cuentas empresariales catalanas pero, a un año vista y con números reales y no estimaciones sobre la mesa, ¿cómo ha resultado la fuga de empresas para la economía catalana?

 Crónica de una “muerte” anunciada

Querer desestabilizar un sistema que funciona y pretender que no haya una reacción es, cuanto menos, de demostrar poca inteligencia ante quienes lideras. Por ello, quiero pecar de ingenuo y pensar que lo que siempre han querido los independentistas con sus discursos de “nadie se irá de Cataluña” es transmitir tranquilidad y no negar la mayor o engañar a sus conciudadanos.

Pero como siempre, la realidad “nos abofetea” y los números no mienten: 3.854 traslados han sido confirmados tras un año desde aquel 1-O, algunos tan sangrantes para el orgullo independentista como la huida de Caixabank a Valencia y la del Banco Sabadell a Alicante. Dos bancos símbolo del músculo de la economía catalana que, ante la huida en masa de muchos de sus clientes y la pérdida del valor de sus acciones, tuvieron que dar el golpe sobre la mesa y con esta medida ofrecer la seguridad y estabilidad que sus gobernantes no eran capaces de asegurar.

Un músculo fuerte que lo aguanta todo

La pregunta que nos debemos hacer con toda lógica es, si a pesar de haber perdido en torno a cuatro millares de empresas, ¿cómo es que la economía catalana, con Barcelona a la cabeza, no se ha resentido o al menos no da muestras de debilidad?

La primera razón la encontramos en la naturaleza de estas “fugas”, que a partir de ahora por los motivos que expondré tendré que entrecomillar: no se trata de “fugas” de empresas como tal, sino de decisiones burocráticas empresariales. La productividad no se ha trasladado, así Caixabank y Banco Sabadell mantienen sus emblemáticas torres en el centro de Barcelona a pleno rendimiento, aunque tributen y den parte de su fiscalidad desde otras autonomías.

¿Y ha tenido impacto esa tributación a otras autonomías? Mucho menor de lo que se podría imaginar, aunque obviamente sí. El hecho de que haya sido un golpe “menor” se debe a que el IRPF, el impuesto por el que más se recauda, no se ha perdido al no haber habido un traslado de trabajadores. Así, el IRPF de un oficinista de La Caixa que trabaje desde la torre situada en la Avenida Diagonal, seguirá tributando en Cataluña. El IVA, segundo impuesto en importancia, tampoco afecta que se pague desde Valencia o Barcelona, ya que es una gestión estatal.

Únicamente el tercer impuesto en importancia, el de Sociedades, es el que ha tenido repercusión en las arcas catalanas, ya que el Estado sí deriva estas competencias a las autonomías.

Por tanto, ha sido clave para que no se resienta la economía catalana que las empresas “fugadas” decidieran mantener la plantilla, el gasto y los ingresos que generan, en el mismo sitio donde se encontraba antes de esta crisis institucional.

 

Jugando con fuego

 

Que Barcelona sea un foco de atracción poderoso y un lugar donde producir adecuado no le exime de que pueda peligrar esta condición privilegiada frente a otras ciudades europeas. No hay mal que mil años dure, pero la cabezonería del ser humano, que parece que ha hecho aún más mella en los representantes catalanes, sí puede hacer que la situación se alargue años e incluso décadas. Y ni la más firme muralla construida, puede aguantar un asedio tras otro sin que nadie haga nada por evitarlo.

Es así por ejemplo como Barcelona sigue manteniendo su estructura económica, pero ha perdido la oportunidad que crezca dejando escapar a la Agencia del Medicamento entre otras instituciones, haciendo más fuerte a sus “rivales” que como es el caso de Valencia geográficamente, y Madrid socialmente, son la alternativa perfecta a quienes quieren situarse en el mercado español.

Así, que finalmente la Agencia del Medicamento por seguir con este ejemplo, se haya decantado por Ámsterdam en vez de por Barcelona como las apuestas pronosticaban, podemos tildarlo de un daño colateral o fruto de otras decisiones que puedan o no tener que ver con el “procés”, pero de esta experiencia no aislada, se debe aprender y no olvidar, y reflexionar para que si otra agencia decide poner sus miras en la ciudad, nada les distraiga del cometido final.

En definitiva, los dirigentes catalanes se han podido permitir la “machada” de arengar a sus masas menos racionales con estos aspectos para hacer ruido, pero la sociedad catalana no se puede seguir permitiendo actos de irresponsabilidad político-social como los vistos en el último año. Barcelona no se puede permitir no seguir siendo la fuerte candidata a cualquier sede nacional o internacional que siempre ha sido. Barcelona no se debe permitir perder ni una sola oportunidad más. Quienes aún dudan de este aspecto solo se tienen que hacer la siguiente pregunta: ¿qué hubiese sido de la capital mediterránea si todo este escenario se hubiese dado cuando se presentaba con candidata de los JJ.OO. del 92?

 

¿Se ha recuperado Barcelona y Cataluña de la “fuga de empresas”?
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