Hay un único componente que debe quedar fuera de toda estrategia inversora, que no es otro que el azar. Una vez dejamos de creer que ganar más o menos jamás debe ir de la mano de aleatoriedades, toda apreciación, todo punto de vista tiene cabida: desde el que se base en las tendencias del mercado, en la información bursátil a aquel que se base en el denominado como “olfato inversor”, ese impulso que nos aborda cuando creemos estar delante de una excelente oportunidad. ¿Cómo sacar el mejor provecho a cada perspectiva y/o combinarlas entre sí?

 

 

Desarrollar un buen olfato inversor: clave para una inversión segura

 

Pase por aclarar primero que una inversión segura no tiene por qué ser una inversión ganadora. Está claro que cuanto más aseguremos nuestra inversión, cuanto más la blindemos de posibles pérdidas, más posibilidades de ganar con ella, pero, a lo que me refiero con inversión segura es que se conozca el riesgo y se emprenda cada paso con firmeza, conociendo todo lo que ello supone.

 

Así, puede que una decisión conlleve más riesgo que posibles beneficios, pero si sabemos qué sacar de bueno con ella, nos sirve para afianzar nuestra estrategia o modificarla, o para saber hacia dónde guiar nuestro dinero, ya será “segura” en cuanto no supondrá únicamente pérdidas en el peor de los casos.

 

Es en este sentido, en estas decisiones que pueden parecer “ilógicas” en cuanto no siguen unas reglas o patrones de mercado fijos, donde el olfato inversor resulta clave: esa posición que solo nosotros y solo al momento que se presenta somos capaces de aprovechar al máximo.

 

¿Y cómo desarrollar un olfato inversor? Mediante dos ingredientes: consistencia y disciplina. La consistencia de separar nuestros impulsos, nuestras “corazonadas”, del simple azar, siempre basándonos en lógicas que, con mayor o menor peso, siempre estén presentes. Y la disciplina de ser constantes, de no perder nunca ni el rumbo ni la realidad que nos rodea, informándonos sobre cada instrumento, cada mercado, cada noticia económica… Ser capaces de anticiparnos a ellas gracias al conocimiento del entorno a la perfección.

 

Se puede sumar un tercer ingrediente a esta receta del olfato inversor perfecto, que no es otra que la persistencia: la inversión es una carrera de fondo, por lo que importan tanto los sprints como las desaceleraciones que nos permiten llegar a meta en perfecto estado. Por otra parte no creas a ningún trader que te asegure que siempre gana: quien más y quien menos ha cometido sus errores y, tal como apuntaba en un principio, la clave para que cada vez sean menos es saber qué aprender de ellos.

 

 

Claves para aunar técnica y emoción en nuestra estrategia inversora

 

Como todo en esta vida, en la mediación está la clave. Ser demasiado metódico y analítico nos ayuda a blindar la inversión, pero nos aleja de la perspectiva y de las oportunidades del mercado. Por otra parte, ser demasiado emocional nos puede llevar a ser irregulares y no aprender del mercado y sus evoluciones.

 

Por ello, la mejor perspectiva a la hora de montar y poner en práctica una estrategia inversora pasa por ser capaces de combinar ambas visiones de la forma que mejor nos funcione a la par que nunca dejamos ni de asesorarnos, ni de aprender de los profesionales.

 

En este sentido, no se trata de comprar libros de gurús y leértelos de principio a fin (aunque todo ayuda), sino de no perder de vista consejos como la importancia de diversificar, el correcto uso de stop loss, tener foco en una o varias metas (“ganar mucho dinero” no es una meta en sí: doblar una inversión en criptomonedas sí, lo cual nos llevará a estudiar cada opción, hacerle seguimiento, etc.)

 

Por último, nunca abandonar por una mala experiencia y seguir creyendo en el ensayo moderado mediante prueba-error. No es un mal inversor quien pierde 1.000 euros, sino quien no es capaz de recuperarlos.

 

¿Análisis técnico o emocional? Dos perspectivas válidas para montar tu estrategia inversora
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